martes, 13 de marzo de 2018

MARTES 13 DE MARZO. DISCERNIMIENTO

SECUNDARIA
 A veces el dolor se padece más que se siente. Ayer volví a ver a Juan.
No sé, me impresiona mucho su mirada, abatida, triste, de petición. Me lo encuentro todos los días a la puerta. Siempre con un gesto sencillo, con su mano dispuesta. Rostro de necesidad. Mano que pide sencillez.
De repente, sentado en mi sitio, en el silencio, recuerdo las palabras del evangelio. Aquella invitación de Jesús, fíjate y atiende, a los gestos pequeños. A fijar la mirada en la viuda. En la moneda. En el gesto.
Algo de esto tiene vivir desde la limosna. Que somos invitados a dar, pero dar supone renunciar a algo propio. A lo mío. Dar es caer en la cuenta de yo también puedo. Ofrecerse. La propuesta ahora me parece más clara que antes. No se trata de dar mucho, sino de darlo todo. Lo que se tiene, no lo que me sobra. Es poner algo de misericordia en lo que se vive. Una mirada que sabe leer entre líneas, que está atenta a la sed de compasión de aquellos que te rodean. Una forma de relacionarse con los otros de otra manera. No es un dar y recibir continuo. Sino que se trata de hacer a los otros partícipes de lo mío. Compartir lo que tengo. No es sacar de la bolsa, sino sacar del corazón. Expresión de un amor.
PRIMARIA
Un hombre se hallaba en el tejado de su casa durante unas inundaciones y el agua le llegaba a los pies.
Poco después, pasó un individuo remando en una canoa y le gritó:
- “¡Oiga! ¿Quiere que le lleve a un sitio más alto?”.
- “No, gracias - replicó el hombre -. Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Pasó el tiempo, y el agua le llegaba al hombre hasta la cintura. Entonces pasó por allí una lancha de motor.
- “¿Quiere que le lleve a un sitio más alto?” - gritó el que la llevaba.
- “No, gracias - respondió el hombre -. Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Más tarde, cuando el nivel del agua le llegaba hasta al cuello del individuo, llegó un helicóptero.
- “¡Cójase a la cuerda - gritó el piloto -. Yo le subiré”.
- “No, gracias - dijo el hombre por tercera vez -. Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Desconcertado, el piloto dejó a aquel hombre en el tejado, casi cubierto por las aguas. Después de haber pasado horas allí, el pobre hombre no pudo resistir más, se ahogó y fue a recibir su recompensa.
Mientras aguardaba en las puertas del Paraíso, se halló frente al Creador y se quejó de lo ocurrido: 
- “Señor - le dijo -, yo tenía total fe en que Tú me salvarías y me abandonaste. ¿Por qué?”
A lo cual le replicó el Señor:
- “¿Qué más quieres? ¡Te mandé dos lanchas y un helicóptero”.

¿ESTAMOS ATENTOS Y ATENTAS A LAS SEÑALES QUE DIOS NOS ESTÁ MANDANDO ESTA CUARESMA PARA PODER SER MEJORES PERSONAS CON NOSOTRAS Y CON NUESTRO PRÓJIMO?

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